El cuento de la liberación

liberación

Madre e hijo, Kitawaga Utamaro, 1793.

Hay una corriente “feminista” que se empeña en liberarnos del yugo de la maternidad. Biberón, guardería, trabajo remunerado son, para nosotras, sus salvavidas. Este artículo del Huffington Post me parece una pena, y me ha hecho darle vueltas a las amargas ideas de las que mama, cuya madre más conocida es quizás Elisabeth Badinter.

Pasaron los años en que la leche de fórmula era lo más. Pasaron de moda los diez minutos de cada pecho cada 3 horas, no sin antes arruinar tantas lactancias. Ahora, amamantamos a demanda. Y eso algunas no lo pueden (o no lo quieren) soportar (como esta bloguera, que divide a las mujeres entre mamíferos hembra y personas. Terrible)

Pero ¿y las que sí quieren?

Algunas aparcan sus trabajos y deciden darse un tiempo de crianza. Un año. Dos. Tres. Porque les da la real gana. Porque su trabajo no era apasionante. O porque en su nueva vida, la vieja, ya no encaja más.

Otras, se organizan, hacen malabares, se sacan la leche, trabajan desde casa, dividen con su pareja el tiempo a cargo de los niños… Incluso las hay que pueden con todo. Solas.

Cada madre, padre, pareja, familia es un universo. Cada decisión un compromiso, y una aventura.

Muchas lactancias fracasan por mala información, falta de apoyo, de referentes, exceso de soledad, desamparo y dudas. Varias organizaciones han surgido a lo largo de los años para ayudar a las mujeres que quieren dar pecho a dar pecho. Pero…

Esas “feministas” las perciben como una amenaza. Para ellas, tener un bebé enganchado todo el tiempo al cuerpo equivale a un retroceso. Creen que así regresamos al más cruel patriarcado, al tiempo no tan lejano en que las mujeres no teníamos derechos.

La crianza “con apego” es para ellas un peligro en el que caemos como tontitas. Cada vez más mujeres quieren amamantar, cada vez más mujeres no se conforman con 4 meses de baja maternal. Las “feministas” de las que hablo aparecen entonces como salvadoras: llegan dispuestas a convencernos de que somos víctimas de una moda reaccionaria. No quieren que olvidemos lo terrible que puede ser perder nuestra independencia económica.

Señoras (y señores, que seguro alguno hay): A mí no van a salvarme la vida. Rechazo su discurso porque, desde el principio, anulan mi intelecto y mi autonomía. ¿Creen que no sopesamos nuestras elecciones? ¿Creen que no sabemos lo que ganamos, y lo que perdemos? ¿Cómo pueden reclamarnos como “profesionales” si dan por hecho que carecemos de sentido común y de criterio?

Nos imaginan en casa alienadas y absorbidas, con nuestras profundas ojeras y perpetuamente despeinadas. El bebé chupa que te chupa de la teta sin tregua, amarrado a nuestro cuerpo en un fular, mientras lavamos a mano infinitas montañas de pañales de tela. Y por supuesto, no sabemos hablar de otra cosa: teta, colecho, porteo, nuestros hijos, y para de contar.

Quizás alguna fanática se pelea(en su mundo y en el de facebook) por el imaginario título a la más abnegada madre del mundo. Puede ser. Pero esta visión es abrumadoramente simplista. La mayoría no vivimos la crianza de nuestros hijos como una competición, ni seguimos ciegamente una doctrina. Y sí: somos capaces de hablar, y de pensar, sobre muchas otras cosas. En el blog “Como una manada”, Gemma Herranz lo ha dejado bien clarito en este post.

La verdadera lucha feminista defiende la libertad. A mí no me libera lo que a usted le dé la gana. Olvídese de mi camino. Lo que yo quiero es recorrerlo, aprehendiendo a ser genuinamente libre. Mujer libre, madre libre. Todo lo que quiero para mis hijas es precisamente libertad.

En ese discurso “feminista”, un parto respetado y con autonomía (¡oh Dios mío! ¡Esas locas que no quieren epidural!), una lactancia placentera y a término (la que termina cuando la madre y/o el niño quieren, y no cuando lo dice el médico o la vecina)y la crianza a tiempo completo son decisiones incompatibles con la liberación femenina.

Están tan lejos de mí que no merecen más atención, pero no he podido resistirme. Yo, a diferencia de ustedes, no me considero mejor mujer (ni madre) por hacer lo que hago. No pondré en duda las prioridades de otra mujer. No ridiculizaré otras formas de entender la maternidad. Al fin y al cabo, lo más importante es reconocer lo que queremos, y empeñarnos en hacerlo realidad.

Para mí serían feministas de verdad si luchasen porque las mujeres dejen de sentirse culpables. Si dejasen a las mujeres elegir. Ya está bien de sacrificios. Que muchas lo dicen con la boca bien ancha: Yo me sacrifico por mis hijos (cuando deciden quedarse con ellos). Yo me sacrifico por mi trabajo (cuando deciden volver a trabajar). ¡Pues no te sacrifiques más! Porque tienes derecho a ser feliz. Y si no eres feliz con lo que haces… hazte el favor de hacer las cosas de otra manera.

Ya sé que por dinero a veces no queda más remedio que hacer (o no hacer) ciertas cosas. Ya sé que los niños en nuestro país pintan bien poco, y que la infancia y la educación nuestros políticos se la pasan por el forro. Y ese tema da para escribir otros tantos artículos más.

Lo que hoy quiero decir es sencillo: Ni modas, ni vecinas, ni pediatras deciden nuestra manera de criar. Ni, por supuesto, estas supuestas “feministas”.

Sé la mujer que eres: serás la madre que quieres ser. Permítete equivocarte. Contradícete. Crea, y renace. Aleja el miedo: sólo tú tienes la llave.

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12 comentarios en “El cuento de la liberación

  1. Magnifico articulo. Totalmente decuaerdo. Esto es lo que se necesita. Mujer luchando por la libertad de otras mujeres. No mujeres que dicen que es lo que es libertad y lo quieren imponer a las demas.

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  2. Pingback: Mis blosg favoritos de maternidad: 6-12 octubre

  3. Fantástico Nu!!! Me ha encantado. Creo que incluso se podría seguir valorando para qué algunas mujeres se molestan tanto con las decisiones de otras… aunque mejor respetarlas, como bien dices.

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  4. Me encantó tu post!! No conocía tu blog y llegué a través de las recomendaciones de Maternidad Continuum, en el cual también está el mío (Mellimamá).
    Creo que cada mujer debe vivir la maternidad desde su propia singularidad. Siempre habrá quien critique y opine o quiera llevar agua para su molino. Pero somos nosotras las encargadas de disfrutar de la maternidad y respetarnos. Un beso

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